¿Qué podemos aprender de Luna?

LA LUNA QUIERE MATARTE. Y TIENE MIL FORMAS DE CONSEGUIRLO.

La gélida acritud del vacío. La letal lluvia radiactiva. El polvo que la recubre, tan viejo como la Tierra. La creciente debilidad de los huesos… O puedes quedarte sin dinero para agua. O para aire. O puedes caer en desgracia con uno de los Cinco Dragones, las corporaciones que dirigen la Luna y controlan sus amplios recursos. Pero te quedas, porque la Luna puede hacerte más rico de lo que eres capaz de imaginar…, mientras sigas con vida.

Adriana Corta tiene ochenta años. Su familia dirige Corta Hélio. Han sobrevivido a las implacables guerras corporativas y a la peligrosa paz subsiguiente. Pero ahora esa paz se resquebraja. Es probable que Adriana tenga que morir, aunque no la matarán sus rivales ni la Luna. Sea cual sea su destino, sin embargo, Corta Hélio no morirá.

 

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Esto nos cuenta la sinopsis de Luna (Luna nueva), primera novela de la trilogía de ciencia ficción de Ian McDonald. Pero este blog no es un portal de reseñas, sino más bien de reflexiones acerca de lo que cada novela puede enseñarnos a la hora de escribir. Así que…

 

El delicado arte de pintar cuadros con palabras: las descripciones.

 

“A veces te dejas llevar por un lirismo que no acabo de comprender”

Fue una de las primeras (y no últimas) críticas que recibí cuando todavía buscaba mi estilo. Ahora me sirve para ilustrar, aunque no sé si demasiado, uno de los temas más complicados de la escritura: las descripciones. Y digo que no sé si demasiado porque, como otras veces, me resisto a creer que hay una sola forma de hacer las cosas. No pretendo dar lecciones, sino poner por escrito las enseñanzas e impresiones que extraigo de cada lectura. Veamos.

 

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Esto es Venecia, algo que sabrás si te gusta el arte. ¿Pero, y si no ha sido así?

 

Todos sabemos, a estas alturas, lo que es una descripción y el papel que en narrativa juega este recurso, teniendo en cuenta que a diferencia de otros medios como por ejemplo el cómic o el audiovisual, no contamos con un soporte gráfico. Es decir, no podemos confiar en otra cosa que las PALABRAS (¡bonitas, os quiero!) para construir las imágenes, rostros, escenarios, etc., que aparecen en nuestra historia.

 

Entiendo la descripción literaria como un equilibrio de datos e impresiones. Cuando este equilibrio se rompe en favor de los datos, corremos el riesgo de caer en una mera enumeración de elementos. Algo aburrido, previsible.

Cuando se rompe a favor de las impresiones, es cuando nos llevamos por ese lirismo incomprensible que tan acertadamente me achacaron en su día. Es incomprensible porque el receptor carece de las referencias necesarias para asimilarlo y disfrutarlo. Es decir, sacamos al lector (nuestro primer valedor) de nuestra propia historia.

 

No me entendáis mal. En general me gusta el estilo “impresionista” de McDonald (y otros autores). Pero me va bien para ilustrar los peligros de la lírica, y reflexionar sobre lo frágil que es el equilibrio entre datos e impresiones. Doña Sierpe me pedía ejemplos concretos y yo soy un chico obediente, así que ahí va.

 

Está entre las cosechadoras de helio, tan feas como todo lo lunar, adustas y utilitarias. Es un caos difícil de asimilar con una ojeada. Las vigas sujetan complejos de Arquímedes, tamices y cintas transportadoras. Brazos con espejos siguen al sol y concentran la energía e alambiques que separan el helio-3 del regolito. Esferas recolectoras, cada una marcada con su cosecha. Los Corta exportan helio-3, pero también destilan hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, el combustible de la vida. Tornillos de Arquímedes de alta velocidad traspasan los desechos a cañones que los lanzan en un arco de un kilómetro de altura antes de caer en chorros de polvo, como fuentes invertidas. La luz de la tierra se refracta en el fino polvo y las partículas de vidrio, creando arcoíris. Marina se dirige a la línea de samba. Diez extractores procesan un frente de cinco kilómetros, avanzando a paso de tortuga sobre unas ruedas que triplican a Marina en estatura. El cercano horizonte oculta parcialmente los extractores de los extremos de la línea. Las ruedas de cangilones levantan toneladas de regolito con cada paletada, en perfecta sincronización: cabezas que asienten. Marina imagina tortugas kaiju con fortalezas medievales en el caparazón. Godzilla debería estar combatiendo esas cosas. Siente la vibración de la industria a través de las botas del trácsup, pero no oye nada. Todo es silencio. Sube la vista hacia las baterías de espejos y los chorros de desechos que la sobrevuelan; se vuelve para mirar las huellas paralelas. Tiene ante sí la cresta de Roma Messier. Este es su lugar de trabajo. Es su mundo.

 

 

Desde luego es una apuesta valiente. Y una sucesión de imágenes muy bien construidas. El problema para, mí como lector, es que en todo el chorro de imágenes no entiendo qué (coño) está haciendo Marina. Quizá es cosa mía, pero me siento empujado de la escena por el exceso de información. Y lo peor de todo, no comprendo esa escena.
Toda la novela tiene este estilo trepidante, en el que la información pasa ante nuestros ojos como verdadera maravilla. O corres con el narrador, o te adaptas al frenético ritmo de Luna, o sales despedido. En general me ha gustado, me recuerda al estilo directo y molón de Gibson en Neuromante, y eso son palabras mayores. Pero una cosa es el discurso interior, los diálogos, los personajes, y otra son las descripciones. Estas son la referencia visual y espacial en el que se basa toda mi novela. Así que haré las cosas sencillas y me preocuparé de que las descripciones se entiendan.

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En el futuro, y teniendo en cuenta lo muy dado que soy a la lírica, al impresionismo mediante las palabras, tendré cuidado de no romper el equilibrio. Especialmente porque, de momento, ni siquiera soy tan bueno pintando cuadros con palabras como es el señor Ian McDonald. Para muestra, y porque no quiero por enemigo a un irlandés, la mejor descripción de un bar que he leído:

 

 

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Sí, sí. Has leído bien. Rizar el rizo, la etiqueta de la etiqueta, el anglicanismo del anglicanismo. Si escribes Fantasía ya sabes lo bien que queda hablar de Worldbuilding para lo que en román paladino significa “la construcción de nuestro mundo de Fantasía”. Es el gran tema de la novela fantástica, y para mí consta de dos apartados igualmente importantes:

  1. Crear un mundo original y lógico
  2. Presentarlo al lector

En Luna, he encontrado con el Worldbombing, es decir, el arte de hacer de resolver el punto 2 mediante el bombardeo.

Es decir, hacer conocer al lector sobre nuestro mundo no por las explicaciones del narrador, sino por la continua y muy estudiada aparición de mismos conceptos concretos, hasta que estos se graban en nuestra memoria y, por contexto, vamos creándonos una idea de lo que significan.

Los muchos términos que aparecen en la novela, tales como los tráncsup, familiar, madrinha, Moonbeam, etc., no son explicados en ningún momento por el narrador. O los coges al vuelo, o que te zurzan. Pero no te preocupes, porque volverán a aparecer una y otra vez, hasta que tú mismo consigas ubicarlos. Desde luego, muy interesante para presentar mundos distintos al nuestro, sin hacer que nuestra novela parezca una enciclopedia de las tochas.

 

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¿Desea saber más?

Recordad, esforzados lectores y/o sufridos escribientes, que hay una manera mejor de aprender a escribir que leyendo este blog, y es leyendo a secas.

Ficha de Luna en goodreads

Hacedme un gran favor y sacadle todo el jugo a vuestras lecturas.

 

 

Víctor Blanco

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Autor: vicblanco

Escritor de Fantasía, barbudo, hombre ola.

2 comentarios en “¿Qué podemos aprender de Luna?”

  1. ¡Eeeeeeh, ¿y la descripción del bar?!

    Luna (no me lo he leído, pero por el fragmento que has puesto *GRACIAS* y por lo que he oído decir el principio es hard del bueno) puede que sea una novela particular en ese sentido del lirismo descriptivo, porque utiliza TANTOS términos complejos o poco conocidos que es un fragmento que cuesta mucho comprender y que quizá hay que leerse más de una vez. Eso a mucha gente le tira para atrás (y lo entiendo), quizá con otras novelas con un vocabulario más “al uso” no ocurra. De hecho a mí me gusta el lirismo, no me suele sacar de la historia, pero en este caso me ha costado seguir el hilo por lo que comentaba del vocabulario.

    Particularmente yo intento no hacer descripciones largas sin meter acciones por en medio. Prefiero describir poco a poco conforme los personajes actúan. Pero como dices no hay una fórmula única.

    Ale, ya he soltado el tochopost del día. Un beso, Víctor 😉

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